miércoles, 20 de agosto de 2008

09. LA VIDA SECRETA DE LAS PEQUEÑAS COSAS


Hoy hace doce días que empezaron las Olimpiadas de Pekín. Doce horas al día metido en la unidad móvil mirando doce monitores a la vez. Ni un solo día libre desde entonces. Dos semanas de trabajo y deporte ajeno. Sinceramente, ya no sé en qué día vivo. El hecho de que en Qatar el fin de semana sea viernes y sábado tampoco ayuda mucho a la ubicación mental de un europeo. En fin, tampoco es que sea un gran trastorno, sólo hay que mover las connotaciones que tiene cada jornada un día hacia delante. Así pues, el domingo es el tortuoso día de vuelta al trabajo, y no el occidentalmente odiado lunes. Los jóvenes salen a divertirse (desconozco cómo), los jueves por la noche… aunque, pensándolo bien, eso también ocurre con los universitarios españoles…

Este es sólo un detalle insignificante, pero característico del lugar. Si se une al millar de pequeñas cosas que se distinguen la vida en el Golfo, se consigue una curiosa radiografía de la vida aquí. Este es un regalo para los que, como yo, disfrutan de esos pequeños detalles.

Me han preguntado bastante sobre la vida de la mujer aquí. Os cuento lo que he visto hasta el momento. Las mujeres occidentales viven, actúan y se visten cómo lo pueden hacer en Europa, con el mismo respeto que hemos de tener los hombres, claro. Las mujeres de aquí, sin embargo, son del todo inaccesibles. Van siempre acompañadas o en grupo, vestidas con velo negro y, según dicen, ocultando debajo carísimos modelos de alta costura. Trabajan con su atuendo típico, igual que los hombres, pero siempre en oficinas, bancos, etc. El sector servicios esta reservado, o más bien relegado, a los inmigrantes. Las camareras y dependientas son en su mayoría mujeres filipinas, que viven, se visten y actúan como las no qatarís que os comentaba. Hay hospitales de mujeres y zonas exclusivamente de mujeres en cualquier lugar público. No sé nada del interior de la estructura familiar en Qatar, así que hasta aquí puedo leer.

Esta ciudad carece de metro, con lo que la movilidad en Doha está sujeta a poseer un coche o buscar un taxi. Hay autobuses sí, color azul celeste como los taxis, pero no tengo la más remota idea del recorrido que hacen y aquí esperar en una parada, con la humedad y el calor de compañía, no es un gran plan. De todos modos, los taxis son baratos y, eso sí, escasos. Lo más socorrido es buscar uno no oficial. En su mayoría, estos taxis blancos sin taxímetro pertenecen a hombres hindús y son un buen lugar para empezar a practicar el regateo. Lo mejor es acordar con ellos el precio de la carrera antes de subirte. Son más caros que los oficiales, pero hay muchos más. Incluso es habitual pedirle el teléfono al conductor para que vaya a buscarte cuando lo necesites. Un par de ellos aseguran estar disponibles día y noche, de domingo a sábado. No entraré a valorar su situación laboral. Por suerte para ellos, el litro de gasolina cuesta unos 10 céntimos de euro aquí.

La matrícula de los taxis, así como todo en este país, refleja los números tanto en caracteres indios cómo árabes. Es curioso, los europeos utilizamos los caracteres indios pero se les llama arábigos por que fueron ellos quienes los introdujeron en Europa. Es fácil aprender esta nueva numeración fijándote en los billetes, las señales de tráfico, los precios en Carrefour… Hora de hacer la compra. Para hablar de las mil maravillas bizarras que puedes encontrar en un supermercado de aquí necesitaría un blog entero. Ya mencioné los detergentes y las extrañas medidas de las botellas de cocacola. Para los nostálgicos: la Mirinda no ha muerto, sigue viva y efervescente en este desierto. Además, todas las latas de refresco utilizan aquel olvidado sistema de anilla extraíble. Ya ni las recordaba. El azúcar sólo se vende en terrones o en incómodos sacos de más de 5 kg. Debido a la ley, no hay alcohol en los pasillos, por el contrario, sí que venden cartones de tabaco y puedes encontrar el paracetamol junto al estante de las chocolatinas. Las latas de atún no conocen el pack de tres, se venden individualmente. También hay unas enormes y desprotegidas bandejas de huevos, que además de poco prácticas son un verdadero espectáculo durante el transporte.

Hay muchas más cosas en las estanterías, pero también mucho tiempo por delante.

Suena ‘Heat Dies Down’ de Kaiser Chiefs.

(Un fuerte abrazo a mi amigo y compañero Javi, que vuelve al Mediterráneo y me deja sólo al timón del barco español en Doha.
Que te vaya todo muy bien. Nos vemos en Valencia delante de una buena Paella.)

2 comentarios:

Helena Viertel dijo...

Lo de la Mirinda y, sobre todo, lo de la anilla, me ha recordado al instante a Egipto. Allí es igual. No sé si en todos los países árabes será así.

Por cierto, tiene gracia, porque nuestros números arábigos son en realidad indios, y al leer tu explicación no entendía bien que los árabes usen números indios y los números árabes sean los nuestros. Es decir que los nuestros son una adaptación de los mismos que usan en Qatar, si no me equivoco.

En fin, un saludo y ánimos con la jornada intensiva de trabajo

dEIVID of Doha dijo...

Estás en lo cierto. He cambiado un poko el texto para explicarlo mejor. Resulta que los caracteres que usamos en europa son los originariamente indios, que los arabes adaptaron. En Eunropa se introdujeron los caracteres indios, pero como los trajeron los árabes, se denominaron arábigos. ¡Qué cosas!