
Un día te despiertas embarcado en una vida diferente. El agua fría de la ducha es vapor ardiente y el sol de mediodía se cuela por tu ventana a las 8 de la mañana, pero te sorprendes ajeno a tus propias quejas y a la tortuosa quietud que durante semanas ha hecho nido en tu cabeza. Es sorprendente lo rápido que cambian las cosas.
Trabajo. Alguien que no está acostumbrado a las vacaciones, y menos a las vacaciones pagadas, lo agradece. No obstante, nunca llueve a gusto de todos. Mis treinta días de no hacer nada dejan paso a quince días de no parar ni un momento. Estamos inmersos en el torbellino de acontecimientos que tiene a bien llamarse Beijing 2008: las Olimpiadas. Realizamos dos informativos diarios para el canal de habla inglesa de Al-Jazeera con las noticias más importantes de la jornada olímpica. Sólo es el segundo día de emisión, pero es fácil prever que un equipo de limpieza tendrá que recoger nuestros restos de la moqueta tras la ceremonia de clausura. Aún con todo, soy feliz. Mi cerebro sale del letargo, la sangre vuelve a correr por mis venas… hay vida en Doha más allá del Villaggio.
Qatarís, portugueses, libaneses , ingleses, españoles… Esta es la fauna heterogénea que habita en una unidad móvil de televisión castigada por el sol del desierto. Un enorme chico árabe nos saluda con un desconcertante y obsoleto: ¡¿Qué pasa neng?! Lo dejamos correr y nos comunicamos en inglés para que el trabajo llegue a buen puerto. Las series en versión original van dando sus frutos y no tengo ningún problema para comunicarme con el equipo. Cada uno hace lo que puede y me alegra poder decir que me desenvuelvo con soltura en todos los aspectos del trabajo. Esto es duro pero reconfortante.
La adrenalina del directo te deja un poco aplatanado al llegar a casa. No tengo ganas de escribir. Me siento y enciendo la tele para encontrar una grata sorpresa. TVE Internacional me regala ‘Lucía y el sexo’. La predisposición a identificarme con las películas me ayuda a reconocer la luz de Doha en su bonita y sobreexpuesta fotografía. ¿Una historia de cambios? ¿Una escapada a una isla desierta? ¿Un cuento que nunca termina? Para Lorenzo, la ventaja es que al final del cuento se cae por un agujero que lleva directo a la mitad de la historia y, desde ahí, se puede cambiar el rumbo. La poesía de Medem me inspira y me empuja a contaros que estoy aquí, y que estoy bien.
Suena ‘Sinner’ de Neil Finn.
(Gracias por seguir leyendo mi cuento.
Dentro de unos meses me tirare por un agujero y apareceré sonriente en medio de vuestras vidas.)
Trabajo. Alguien que no está acostumbrado a las vacaciones, y menos a las vacaciones pagadas, lo agradece. No obstante, nunca llueve a gusto de todos. Mis treinta días de no hacer nada dejan paso a quince días de no parar ni un momento. Estamos inmersos en el torbellino de acontecimientos que tiene a bien llamarse Beijing 2008: las Olimpiadas. Realizamos dos informativos diarios para el canal de habla inglesa de Al-Jazeera con las noticias más importantes de la jornada olímpica. Sólo es el segundo día de emisión, pero es fácil prever que un equipo de limpieza tendrá que recoger nuestros restos de la moqueta tras la ceremonia de clausura. Aún con todo, soy feliz. Mi cerebro sale del letargo, la sangre vuelve a correr por mis venas… hay vida en Doha más allá del Villaggio.
Qatarís, portugueses, libaneses , ingleses, españoles… Esta es la fauna heterogénea que habita en una unidad móvil de televisión castigada por el sol del desierto. Un enorme chico árabe nos saluda con un desconcertante y obsoleto: ¡¿Qué pasa neng?! Lo dejamos correr y nos comunicamos en inglés para que el trabajo llegue a buen puerto. Las series en versión original van dando sus frutos y no tengo ningún problema para comunicarme con el equipo. Cada uno hace lo que puede y me alegra poder decir que me desenvuelvo con soltura en todos los aspectos del trabajo. Esto es duro pero reconfortante.
La adrenalina del directo te deja un poco aplatanado al llegar a casa. No tengo ganas de escribir. Me siento y enciendo la tele para encontrar una grata sorpresa. TVE Internacional me regala ‘Lucía y el sexo’. La predisposición a identificarme con las películas me ayuda a reconocer la luz de Doha en su bonita y sobreexpuesta fotografía. ¿Una historia de cambios? ¿Una escapada a una isla desierta? ¿Un cuento que nunca termina? Para Lorenzo, la ventaja es que al final del cuento se cae por un agujero que lleva directo a la mitad de la historia y, desde ahí, se puede cambiar el rumbo. La poesía de Medem me inspira y me empuja a contaros que estoy aquí, y que estoy bien.
Suena ‘Sinner’ de Neil Finn.
(Gracias por seguir leyendo mi cuento.
Dentro de unos meses me tirare por un agujero y apareceré sonriente en medio de vuestras vidas.)
3 comentarios:
Nunca hubiera imaginado que iba a enterarme de que sí estás bien, de esta forma.
Gracias a la vida.
a.
Perfectamente inspirado... Me alegra que estés vivo y activo :)
(¡Estoy buscando ese agujero por todas partes para salirte al paso!)
Di
Me pregunto si Buenafuente & amigos sabrán de la influencia del de Castefa....
Reflexiones aparte, el blog está cada vez mas currado. Ánimo y a seguir con ello.
p.d.¿para cuándo uno de palabrotas árabes?, no estaría mal...
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