Por el ritmo de los acontecimientos, el blog de hoy podría haberse titulado ‘Teo va a la playa’, pero es que la oferta sociocultural de Doha es un poco densa y difícil de conocer. Me aferro a este eufemismo sin saber si dicha oferta en realidad existe. Seguro que sí. La realidad es que el clima, y no me refiero sólo al meteorológico, invita a tomarse las cosas con calma.
Empezamos a conocer bien ciertos lugares. Nos hacemos un pequeño hueco en esta ciudad y vamos uniendo puntos como en un crucigrama, conociendo nuestro entorno antes de salir a explorar lo que tenemos más lejos. La camarera del Caffé Tassé, una pequeña y simpática filipina, nos sonríe desde la puerta nada más poner un pie en el Zoco, el guarda de nuestro edificio nos choca los cinco siempre que no está rezando y el portero del bar de la undécima planta del Hotel Rydges nos prohíbe la entrada una de cada dos veces que intentamos entrar… esto empieza a ser familiar.
Ayer tuvimos una revelación: si estamos de vacaciones , hay que ir a la playa. Toalla, bañador y al coche. Nuno, nuestro jefe técnico aquí, lleva más de 8 años en Qatar y nos aseguró que la playa más cercana está a cuarenta kilómetros. El mapa indica Al Wahkra con una sombrilla y a tan sólo dos km. de Doha. Salimos de la autovía en Al Wahkra y serpenteamos por caminos de tierra hasta clavarnos literalmente con el coche en la arena de la playa. Llegada triunfal. La amabilidad de los allí presentes nos ayuda a sacar el coche. Bueno, el Jeep de uno de ellos también ayudó bastante.
Disfrutemos del mar. Aquí no hace calor, no es que haya brisa, pero se está mucho mejor que en la ciudad. Hay varias familias apostadas con sus todoterrenos a lo largo de la orilla. No hay nada más. Quizá Nuno se refería a que a cuarenta km. está la primera playa que vale la pena. No es un paisaje virgen. No es un recodo apartado de la ciudad en el que disfrutar de la naturaleza. Sólo es arena y agua. Ni siquiera la marea mueve las olas regalándonos su sonido. Un paisaje que te deja indiferente.
El sol casi se ha puesto en el desierto. El agua esta tibia y bastante limpia. La luna creciente nos ve bañarnos a 500 metros de la orilla con el agua por las rodillas y da la impresión de que puedo llegar a Irán caminando por el agua. Tranquilos, no lo haré.
Suena ‘Time To Pretend’ de MGMT.
(Doha no grita, susurra. Ni siquiera el tráfico es ruidoso.
¿Por qué echo de menos el bullicio en una ciudad?)
Empezamos a conocer bien ciertos lugares. Nos hacemos un pequeño hueco en esta ciudad y vamos uniendo puntos como en un crucigrama, conociendo nuestro entorno antes de salir a explorar lo que tenemos más lejos. La camarera del Caffé Tassé, una pequeña y simpática filipina, nos sonríe desde la puerta nada más poner un pie en el Zoco, el guarda de nuestro edificio nos choca los cinco siempre que no está rezando y el portero del bar de la undécima planta del Hotel Rydges nos prohíbe la entrada una de cada dos veces que intentamos entrar… esto empieza a ser familiar.
Ayer tuvimos una revelación: si estamos de vacaciones , hay que ir a la playa. Toalla, bañador y al coche. Nuno, nuestro jefe técnico aquí, lleva más de 8 años en Qatar y nos aseguró que la playa más cercana está a cuarenta kilómetros. El mapa indica Al Wahkra con una sombrilla y a tan sólo dos km. de Doha. Salimos de la autovía en Al Wahkra y serpenteamos por caminos de tierra hasta clavarnos literalmente con el coche en la arena de la playa. Llegada triunfal. La amabilidad de los allí presentes nos ayuda a sacar el coche. Bueno, el Jeep de uno de ellos también ayudó bastante.
Disfrutemos del mar. Aquí no hace calor, no es que haya brisa, pero se está mucho mejor que en la ciudad. Hay varias familias apostadas con sus todoterrenos a lo largo de la orilla. No hay nada más. Quizá Nuno se refería a que a cuarenta km. está la primera playa que vale la pena. No es un paisaje virgen. No es un recodo apartado de la ciudad en el que disfrutar de la naturaleza. Sólo es arena y agua. Ni siquiera la marea mueve las olas regalándonos su sonido. Un paisaje que te deja indiferente.
El sol casi se ha puesto en el desierto. El agua esta tibia y bastante limpia. La luna creciente nos ve bañarnos a 500 metros de la orilla con el agua por las rodillas y da la impresión de que puedo llegar a Irán caminando por el agua. Tranquilos, no lo haré.
Suena ‘Time To Pretend’ de MGMT.
(Doha no grita, susurra. Ni siquiera el tráfico es ruidoso.
¿Por qué echo de menos el bullicio en una ciudad?)
