domingo, 16 de noviembre de 2008

12. MATCH POINT


Mis más sinceras disculpas por no actualizar antes este blog. No es que tenga una gran excusa para ello, supongo que la rutina tiene estas cosas. Así es, cinco meses después mi vida en Qatar se ha vuelto rutinaria, lo que afortunadamente no es sinónimo de aburrida. Estaba esperando a tener algo distinto que contaros y aquí la novedad siempre la trae el trabajo.

Así pues, me preparo para el servicio. No todo es fútbol en la vida y un evento de la magnitud de un Master de tenis de la WTA que se celebre en Doha, requiere de nuestras profesionales manos para ser retransmitido. Para aquellos a los que estas siglas no les digan nada en absoluto, la WTA es la federación de tenis femenino, es decir, los torneos en los que juegan las hermanas Williams y las demás profesionales de la raqueta. Punto para los que lo supieran.

Aún faltan un par de días para el torneo, pero nos apuntamos el primer juego montando el despliegue de cámaras. Aprovechamos el poco trabajo y las muchas horas allí para coger un poco el sol, y algunas pelotas Willson con las que entrenan las jugadoras. Se trata de un evento de repercusión mundial, con patrocinadores de la talla de Sony Ericsson. El recinto se viste de gala para recibir a las mejores tenistas del mundo y nosotros disfrutamos de un trato especial con un catering delicioso en el Media Center. Supongo que no será tan bueno o glamoroso como el de la zona VIP, a la que no tenemos acceso, pero no podemos quejarnos en absoluto.

Empiezan las competiciones y empieza el trabajo duro. Tres partidos al día, con la incertidumbre de no saber cuanto duran, ya que gana la que se apunta dos sets, le cueste el tiempo que le cueste. Nos lo tomamos con paciencia y nos llevamos el primer set porque todo está saliendo a la perfección. La bandera española ondea en lo alto del estadio. Desconozco el motivo ya que no hay jugadoras españolas en el torneo de individuales, sólo la pareja Ruano-Medina en el de dobles. Además, el resto de banderas tampoco tienen representación en la pista. ¿La habrán puesto en nuestro honor? Lo dudo.

Os preguntareis en qué consiste mi trabajo aquí. Pues me encargo de reproducir las repeticiones de las mejores jugadas. Esto es harto complicado en el tenis debido al poco tiempo entre un punto y el siguiente. Como muchos de mis compañeros, nunca en la vida he trabajado en un torneo de tenis, así que llegan algunas complicaciones. Errores, falta de precisión, nervios. Me rompen el servicio.

Afortunadamente la sangre no llega al río, así que me sobrepongo a una dura jornada. Después de seis o siete partidos es fácil cogerle el punto. Partidos y más partidos. Saques directos, bolas de break, dejadas y derechazos a la línea. El domingo, por fin, se disputa la final. Venus Williams se apunta el partido y el torneo ante la rusa Vera Svonareva. No sólo se lleva el trofeo a casa, también se marcha de Doha con un enorme cheque de más un millón de dólares. Match point para Venus. Yo no he ganado tanto como ella, claro, pero en el fondo me lo he pasado en grande.

Suena ‘Four Seasons In One Day’ de Crowded House.

(Aunque no escriba, sigo aquí, controlando los granos de arena.
No os preocupéis, si el desierto se mueve, os mantendré informados.)

martes, 30 de septiembre de 2008

11. YO SOBREVIVÍ AL RAMADÁN

Aún resuenan los rezos desde las mezquitas, que se pierden por las callejuelas del zoco como el ruido de los truenos al disiparse la tormenta. Una agradable brisa nos envuelve y nos sugiere que este país también es capaz mostrarnos su cara amable.

Los comercios hace horas que están cerrados. Las últimas cafeterías abiertas apagan sus luces y nosotros, cómo cada noche, nos convertimos por un rato en dueños de una preciosa terraza del souq wakif. Cada uno conectado con los suyos. Estamos en Doha, pero también estamos en Valencia, en Coimbra, en Madrid, en Bilbao…

El Ramadán ha pasado. Ya no hay penitencia ni ayuno. Es el momento de festejar para la comunidad musulmana, que celebra el Eid, sus días “navideños” de regalos y reuniones familiares. ¿Nuestro regalo? Lois se ha comprado un coche, una vieja chatarrilla estupenda que nos hace más libres. Se avecinan buenos tiempos, así es como quiero verlo.

Damos un paseo motorizado mientras el sol se asoma entre los rascacielos para iluminar la bahía. La temperatura es estupenda. Hay gente a lo largo de la Corniche, sentada apaciblemente en la hierba, disfrutando del momento. Aunque a veces no lo parezca, aunque eche de menos lo que he dejado atrás y, más aún, lo que todavía no conozco, yo también disfruto el momento.

Suena ‘Feeling Good’ versioneada por Muse.

(Si pasáis por aquí, y os gusta, dejadme un recado.
En la distancia, noticias vuestras no tienen precio.)

lunes, 15 de septiembre de 2008

10. RAMADAN KAREEM


And so it is… life goes easy on me… most of the time…

Y así es… mi vida transcurre tranquila… la mayor parte del tiempo… Me permito tomar prestadas las palabras del señor Rice para acercarme de nuevo a vosotros. Él lo expresa perfectamente y, sin duda, con una voz mucho más bonita.

En este país el ocio tal y como yo lo conozco está muy restringido, más aún en estos días de espiritualidad e introspección: estamos en Ramadán. La navidad de los musulmanes si queréis decirlo así. Seguro que hay quien me corregirá en esta afirmación, pero a las luces que decoran las tiendas me remito. No entraré en comparaciones religiosas, no es un campo que ocupe mucho tiempo en mi vida (incluso podéis tachar el “mucho”). Este mes los musulmanes no comen, beben ni fuman mientras alumbra el sol. Por lo que he oído, lo importante no es esta abstinencia diurna, sino esforzarse en la oración, la reflexión y el buen comportamiento con los demás. No me parece mal, pero para alguien laico hasta las uñas de los pies son esas cosas materiales las que se hacen notar en esta situación. No es que yo esté obligado a cumplir estas tradiciones, sólo faltaría eso. En mi casa o en privado hago lo que quiero con mi pelo… Pero al parecer, no está bien visto que bebamos o comamos en público. No pasa nada grave por hacerlo, pero la gente de fuera tiende a ser respetuosa al máximo con los de aquí, casi temerosa. Durante una calurosa tarde de trabajo al sol me he aventurado a beber agua en la calle, ojo, sin buscar ofensa ni poner a prueba a nadie, sólo por sentido común y de supervivencia.

Lo cierto es que, aunque no estemos obligados a cumplir, nos quedan pocas opciones. Como aquí se siguen las leyes islámicas, no encontrarás una sola cafetería o restaurante abierto en Doha antes de las 7 de la tarde. La mayoría de los establecimientos hacen horarios especiales. El Carrefour y las tiendas en general sí que abren de día, pero ningún sitio donde llevarte siquiera un vaso de agua a la garganta.

El sol se empeña en despertarse muy temprano. Visto que no hay nada que pueda hacer al respecto y con la poca oferta bajo estas circunstancias, cambio mi horario y aprovecho la nocturnidad para escaparme al zoco o hacer el tour de las cafeterías. El trabajo de momento es muy esporádico. Retransmisiones de partidos de fútbol cada 5 o 6 días. Está muy bien esto de tener tiempo libre, lo sé. Pero también lo estaría tener algo que hacer para llenar ese tiempo. El día es muy largo cuando no tienes planes. Ya me he puesto al día en casi todas las series de mi disco duro, así que espero impaciente noticias del emule.

Suena ‘The Blower´s Daughter’ de Damien Rice.

(Ramadan Kareem significa Feliz Ramadán. ¡Ramadan Kareem a todos!
I can´t take my mind off you… No os puedo quitar de mi cabeza…)

miércoles, 20 de agosto de 2008

09. LA VIDA SECRETA DE LAS PEQUEÑAS COSAS


Hoy hace doce días que empezaron las Olimpiadas de Pekín. Doce horas al día metido en la unidad móvil mirando doce monitores a la vez. Ni un solo día libre desde entonces. Dos semanas de trabajo y deporte ajeno. Sinceramente, ya no sé en qué día vivo. El hecho de que en Qatar el fin de semana sea viernes y sábado tampoco ayuda mucho a la ubicación mental de un europeo. En fin, tampoco es que sea un gran trastorno, sólo hay que mover las connotaciones que tiene cada jornada un día hacia delante. Así pues, el domingo es el tortuoso día de vuelta al trabajo, y no el occidentalmente odiado lunes. Los jóvenes salen a divertirse (desconozco cómo), los jueves por la noche… aunque, pensándolo bien, eso también ocurre con los universitarios españoles…

Este es sólo un detalle insignificante, pero característico del lugar. Si se une al millar de pequeñas cosas que se distinguen la vida en el Golfo, se consigue una curiosa radiografía de la vida aquí. Este es un regalo para los que, como yo, disfrutan de esos pequeños detalles.

Me han preguntado bastante sobre la vida de la mujer aquí. Os cuento lo que he visto hasta el momento. Las mujeres occidentales viven, actúan y se visten cómo lo pueden hacer en Europa, con el mismo respeto que hemos de tener los hombres, claro. Las mujeres de aquí, sin embargo, son del todo inaccesibles. Van siempre acompañadas o en grupo, vestidas con velo negro y, según dicen, ocultando debajo carísimos modelos de alta costura. Trabajan con su atuendo típico, igual que los hombres, pero siempre en oficinas, bancos, etc. El sector servicios esta reservado, o más bien relegado, a los inmigrantes. Las camareras y dependientas son en su mayoría mujeres filipinas, que viven, se visten y actúan como las no qatarís que os comentaba. Hay hospitales de mujeres y zonas exclusivamente de mujeres en cualquier lugar público. No sé nada del interior de la estructura familiar en Qatar, así que hasta aquí puedo leer.

Esta ciudad carece de metro, con lo que la movilidad en Doha está sujeta a poseer un coche o buscar un taxi. Hay autobuses sí, color azul celeste como los taxis, pero no tengo la más remota idea del recorrido que hacen y aquí esperar en una parada, con la humedad y el calor de compañía, no es un gran plan. De todos modos, los taxis son baratos y, eso sí, escasos. Lo más socorrido es buscar uno no oficial. En su mayoría, estos taxis blancos sin taxímetro pertenecen a hombres hindús y son un buen lugar para empezar a practicar el regateo. Lo mejor es acordar con ellos el precio de la carrera antes de subirte. Son más caros que los oficiales, pero hay muchos más. Incluso es habitual pedirle el teléfono al conductor para que vaya a buscarte cuando lo necesites. Un par de ellos aseguran estar disponibles día y noche, de domingo a sábado. No entraré a valorar su situación laboral. Por suerte para ellos, el litro de gasolina cuesta unos 10 céntimos de euro aquí.

La matrícula de los taxis, así como todo en este país, refleja los números tanto en caracteres indios cómo árabes. Es curioso, los europeos utilizamos los caracteres indios pero se les llama arábigos por que fueron ellos quienes los introdujeron en Europa. Es fácil aprender esta nueva numeración fijándote en los billetes, las señales de tráfico, los precios en Carrefour… Hora de hacer la compra. Para hablar de las mil maravillas bizarras que puedes encontrar en un supermercado de aquí necesitaría un blog entero. Ya mencioné los detergentes y las extrañas medidas de las botellas de cocacola. Para los nostálgicos: la Mirinda no ha muerto, sigue viva y efervescente en este desierto. Además, todas las latas de refresco utilizan aquel olvidado sistema de anilla extraíble. Ya ni las recordaba. El azúcar sólo se vende en terrones o en incómodos sacos de más de 5 kg. Debido a la ley, no hay alcohol en los pasillos, por el contrario, sí que venden cartones de tabaco y puedes encontrar el paracetamol junto al estante de las chocolatinas. Las latas de atún no conocen el pack de tres, se venden individualmente. También hay unas enormes y desprotegidas bandejas de huevos, que además de poco prácticas son un verdadero espectáculo durante el transporte.

Hay muchas más cosas en las estanterías, pero también mucho tiempo por delante.

Suena ‘Heat Dies Down’ de Kaiser Chiefs.

(Un fuerte abrazo a mi amigo y compañero Javi, que vuelve al Mediterráneo y me deja sólo al timón del barco español en Doha.
Que te vaya todo muy bien. Nos vemos en Valencia delante de una buena Paella.)

domingo, 10 de agosto de 2008

08. UN CUENTO LLENO DE VENTAJAS


Un día te despiertas embarcado en una vida diferente. El agua fría de la ducha es vapor ardiente y el sol de mediodía se cuela por tu ventana a las 8 de la mañana, pero te sorprendes ajeno a tus propias quejas y a la tortuosa quietud que durante semanas ha hecho nido en tu cabeza. Es sorprendente lo rápido que cambian las cosas.

Trabajo. Alguien que no está acostumbrado a las vacaciones, y menos a las vacaciones pagadas, lo agradece. No obstante, nunca llueve a gusto de todos. Mis treinta días de no hacer nada dejan paso a quince días de no parar ni un momento. Estamos inmersos en el torbellino de acontecimientos que tiene a bien llamarse Beijing 2008: las Olimpiadas. Realizamos dos informativos diarios para el canal de habla inglesa de Al-Jazeera con las noticias más importantes de la jornada olímpica. Sólo es el segundo día de emisión, pero es fácil prever que un equipo de limpieza tendrá que recoger nuestros restos de la moqueta tras la ceremonia de clausura. Aún con todo, soy feliz. Mi cerebro sale del letargo, la sangre vuelve a correr por mis venas… hay vida en Doha más allá del Villaggio.

Qatarís, portugueses, libaneses , ingleses, españoles… Esta es la fauna heterogénea que habita en una unidad móvil de televisión castigada por el sol del desierto. Un enorme chico árabe nos saluda con un desconcertante y obsoleto: ¡¿Qué pasa neng?! Lo dejamos correr y nos comunicamos en inglés para que el trabajo llegue a buen puerto. Las series en versión original van dando sus frutos y no tengo ningún problema para comunicarme con el equipo. Cada uno hace lo que puede y me alegra poder decir que me desenvuelvo con soltura en todos los aspectos del trabajo. Esto es duro pero reconfortante.

La adrenalina del directo te deja un poco aplatanado al llegar a casa. No tengo ganas de escribir. Me siento y enciendo la tele para encontrar una grata sorpresa. TVE Internacional me regala ‘Lucía y el sexo’. La predisposición a identificarme con las películas me ayuda a reconocer la luz de Doha en su bonita y sobreexpuesta fotografía. ¿Una historia de cambios? ¿Una escapada a una isla desierta? ¿Un cuento que nunca termina? Para Lorenzo, la ventaja es que al final del cuento se cae por un agujero que lleva directo a la mitad de la historia y, desde ahí, se puede cambiar el rumbo. La poesía de Medem me inspira y me empuja a contaros que estoy aquí, y que estoy bien.

Suena ‘Sinner’ de Neil Finn.

(Gracias por seguir leyendo mi cuento.
Dentro de unos meses me tirare por un agujero y apareceré sonriente en medio de vuestras vidas.)

lunes, 28 de julio de 2008

07. ANATOMÍA DE DAVE


La imagen de modernidad que Qatar se esfuerza en proyectar en todos sus ámbitos hace que te olvides a menudo de su condición de país islámico. Desde luego no es un régimen tan estricto cómo otros, pero tiene sus puntos. Uno de ellos nos lleva de excursión al Centro Nacional de Seguridad Sanitaria. No puedes permanecer en este país si padeces enfermedades cómo la tuberculosis, hepatitis o si eres portador de VIH. Así que a todos los foráneos nos obligan a pasar un examen médico, radiografías y análisis de sangre.

Nuestra posición aquí es bastante privilegiada por ser, indirectamente, trabajadores de Al Jazeera. En las oficinas de la famosa televisión empieza nuestro tour médico. Un chico turco y un hindú esperan en la recepción con Luís y conmigo. Llega el jefe. Viste el típico atuendo blanco qatarí. Desconozco su cargo pero se desenvuelve con gran seguridad en sí mismo. Salimos y bajo el calor húmedo y bochornoso nos espera un coche para trasladarnos al centro sanitario. Un chófer indio nos acompaña hasta allí en un lujoso Jaguar. Tal vez por su posición laboral, o quizá por la dignidad que emana el volante, el chófer habla con cierta altanería mientras sorbe su té helado en vaso de Starbucks y pilota con una sola mano. Esos humos no los hemos atisbado hasta el momento siquiera en los propios qatarís, que aquí son los reyes del mambo. Pasamos el viaje en silencio mientras el chófer dialoga efusivamente con su compatriota. Luís y yo nos miramos perplejos e intentamos ahogar la carcajada cuando el conductor eructa en mitad de una frase y sigue hablando sin el más mínimo apuro. Quizá es algo normal, algo cultural, o quizá este tío es un poco cerdo. Todavía se me escapan demasiados datos culturales.

El Centro es un edificio de dos plantas separado en una zona para hombres y otra para mujeres. Aquí todos los hospitales hacen esta diferencia. No obstante este lugar no es un recinto hospitalario. Hay oficinas, consultas y largas colas ante ventanillas para entregar documentos. El jefazo nos guía por los pasillos mientras carga una pila de cajas de cartón con el logotipo de Al Jazeera. Nos encontramos de pronto en la sala al otro lado de las ventanillas. Unos trabajadores vestidos con túnica blanca teclean nuestros datos en el ordenador mientras los ciudadanos de a pié esperan su turno al otro lado del cristal. Es un alivio no tener que hacer la cola pero me inquieta la naturalidad con la que se ejercen ciertas discriminaciones administrativas. Vamos pasando por las consultas sin esperar ni un minuto. Los médicos que nos atienden van recibiendo cada uno su correspondiente caja. Mientras me sacan la sangre veo el contenido de una de ellas. El médico sonríe agradecido por la agenda y billetera de piel envueltas en papel de seda. Radiografía de pecho y fin del recorrido. En un inglés atropellado el jefe me explica todo el tiempo que nos hemos ahorrado y me comenta que su primo es algo así como el director del centro. Conmovedor.

En el camino de vuelta repaso las injusticias que he visto en la escasa media hora que hemos estado allí. Supongo que me falta el prisma con el que se miran aquí las cosas. Sinceramente, espero no obtener jamás ese prisma.

Suena ‘Evil’ de Interpol.

(Menos mal que pronto empieza el trabajo con las Olimpiadas, tengo demasiado tiempo para reflexionar aquí.)

domingo, 20 de julio de 2008

06. UN HOMBRE AFORTUNADO


La rutina lo envuelve todo en este país y los días apenas me ofrecen una pequeña anécdota que llevarme a la boca. Ya he hecho acopio de paciencia, así que recopilaré los sucesos de varios días en estas líneas.

Nuestras visitas a la civilización suelen acontecer bajo la luz de la luna, más amable que el sol por estos lares. Además a las seis de la tarde ya es de noche aquí. Esta semana la humedad ha subido de manera exagerada, por lo que es aconsejable reducir el tiempo de exposición al aire ¿libre?

Paseamos deslumbrados por una interminable fila de escaparates, resguardados por el aire acondicionado industrial del City Center. Este centro comercial ha crecido como un champiñón entre los monstruos rascacielos a medio terminar. Carrefour, Starbucks, Zara, Springfield,… Predominan las tiendas de bisutería. Será que gusta mucho por aquí lo de los adornos…

Volvemos a casa a dejar el uniforme de “mallrats” y a ponernos guapos, la noche qatarí nos espera. Una exhaustiva búsqueda en Internet y un par de consejos de algún conocido nos conduce hasta ‘Pearl’, un distinguido club-lounge en los bajos del hotel Marriot. Seguro que por dentro es espectacular en cuanto a diseño y decoración. Si algún día me dejan entrar os lo describiré. Cogemos otro taxi hasta el hotel Ramada. Allí se encuentra ‘Qube’ nuestra última opción ya que no conocemos más discotecas en Doha. Dudo que las haya. Nos hacen pasar por un detector de metales pero, como hemos dejado los puños americanos en casa y sabemos poner cara de buena gente, nos permiten entrar. Es una discoteca bastante grande y está abarrotada. Música house, barras de bebida, gente muy borracha bailando, mesas para comer algo en mitad de la pista de baile... A veces las diferencias con Europa son muy sutiles. Aunque en Qube no deben tener muy claro el concepto de sutileza. Un láser anuncia en la pared que a las 2:15 am. sirven la última ronda de bebidas. A las 2:16 am. unas rejas caen del techo y cierran literalmente las barras. Ya nada me sorprende.

Una tarde algo distinta en la ciudad. Cerca del Zoco hay un barrio lleno de tiendas de ropa, electrónica, teléfonos móviles y baratijas de la peor calaña. Me encanta. Aprovecho para comprar una guitarra acústica con la que torturar a mis vecinos en las incontables horas que estoy en casa. ¿Será Doha el paraíso que verá nacer por fin mi talento musical? (Sed buenos, no hace falta que respondáis). El paseo nos abre el apetito. Nos sentimos aventureros y entramos en una tasca india equivalente al bar de bocadillos más cutre de vuestro barrio. Nos ponemos hasta arriba de samosas, pollo tikka y algún otro tipo de empanadas. Té y refrescos. Incrédulos pagamos una cuenta de 18 reales, equivalente a la friolera de 3 euros. Definitivamente, comer aquí es muy barato.

Ya en casa, Luís y yo practicamos a Muse y White Stripes con nuestras guitarras. Soy como un crío con zapatos nuevos y esto me ayuda a olvidar dónde estaría hoy de no haber venido a Qatar. Sobre la hora esperada suena el teléfono. Viajo durante dos minutos a Madrid mientras Richard Ashcroft canta ‘Lucky Man’. El vello de punta. Estoy en el Summercase gritando a pleno pulmón, saltando con Diana y con Carlos, y con Álex y Nacho y Víctor… Me hubiera gustado quedarme más tiempo, pero el desierto me reclama.

Soy un hombre afortunado. Sí señor.

Suena ‘Lucky Man’ de The Verve, ¿cómo no?

("How many times do I have to learn
that all the love I have is in my mind?"

Muchas gracias. Os quiero y os añoro.)